Hace muchísimos años atrás, el Sol empezó a escribir una historia. Una historia hermosa, pero que él no llegaba a comprender, debido a su completa soledad, alejado de todos aquellos planetas que giraban y giraban en torno a él.
La historia trataba de algo increíble, con todo muy bien descrito y una trama emotiva.
El sol enojado de no comprender su propia creación, tomó la hoja de fuego en la que había escrito, la arrugó, y lanzó al vacío. La hoja fue tomada por una Luna, que recorría el universo, sin destino; Ella leyó la historia, con mucho cuidado y fijándose en cada detalle y en cada expresión; la historia era tan bella, que la Luna no se pudo contener y rompió a llorar. Las lágrimas mojaron la hoja en llamas, que se hizo polvo en sus manos.
Las pequeñas partículas de ceniza fueron cayendo en dirección a un pequeño planeta. La Luna al darse cuenta de esto, se acercó al él y decidió vigilar su sueño, solo para poder vivir junto a la creación del Sol.
En el planeta, las partículas cayeron esparcidas y olvidadas por todos lados, pero con el tiempo, fueron encontradas por algunos habitantes, que comenzaron a sentir la necesidad de observar constantemente a la Luna, sin aparente razón.
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